sábado, 14 de mayo de 2011

Cuando expulsé los sueños
para no traicionar la realidad
conocía su herida
el peso de la noche y su presencia
pero no calculaba su vacío
El vacío de un sueño
pesa como la risa de los cínicos
como los ojos débiles que miran a otro lado
como el soberbio de pureza fría,
que vive más allá de las tormentas.
Por eso convivo con mis sueños,
pero en habitaciones separadas

Luis García Montero



“Sin memoria no existe el escritor. El escritor tiene que vivir y tiene que vivir mucho, si lo que quiere es hablar del ser humano, tiene que conocer la vida, pero sobre todo tiene que conocer el dolor. No hace falta que sepa lo que es la felicidad. Es más importante el dolor. Es una mala madre la Literatura…pero es única”
                                                                                              Ana María Matute

viernes, 6 de mayo de 2011

más que mirarse (XIII)

Marzo 1975

…lo mataron a palizas sabes…venían a buscarlo cada cierto tiempo…cada mes...cada dos meses como mucho…esperaban a que se recuperase de la anterior, levemente…imagínate…en casa de pobres…raras veces podíamos pagarle al médico…mi madre hacía lo que podía, la pobre…al final apenas conseguía andar, de los mosquetones que le habían dado en los pies…los huesos nunca llegaron a soldarse y tenía ese andar torpe, de pato, los pies totalmente planos…se había quedado sordo del oído derecho por los golpes propinados, una de las veces casi pierde un ojo…de todas las maneras, se le había quedado casi sin visión…siempre venían dos…siempre por las noches…muchas veces borrachos…en pleno apogeo de su ignorancia y brutalidad…mi padre no se resistía, sabía que era inútil, en aquella época la acusación de rojo era suficiente para matarte o encarcelarte…no hacía falta más que eso, no hacía falta probar siquiera…cuantas guerras por tierras o herencias se dirimieron así en Galicia…acusabas de rojo o republicano al que querías quitarte de en medio y ya…lo más curioso es que a mi padre no lo denunciaba nadie, no hacía falta, todo el mundo sabía de que parte estaba …él había perdido una guerra, pero sólo quería vivir en paz con su mujer y sus hijos, es más, los vecinos nos querían bien, ayudaban en lo que podían…pero aquella persecución y tortura implacables acabó convirtiéndose en una psicosis colectiva…cuándo llevaban ya un tiempo sin venir a por él, para llevárselo al cuartelillo miserable que les servía de cámara de los horrores, el miedo se palpaba en cada esquina, en cada casa, en el corazón de todos…el miedo y la angustia acechaban agazapados en el interior de aquella choza nuestra que apenas soportaría el calificativo de casa…

Estaban desnudos, tumbados en la cama después del amor, fumando y mirando al techo, la cabeza de él apoyada en el vientre de ella, que escuchaba atenta y horrorizada, sorprendida de la entereza con que la que él desgranaba esa historia espeluznante…el frío y la memoria de la maldad habían destrozado la dulzura del encuentro, la despreocupación con la que ella inquiriera no me has hablado de tus padres…de cómo te hiciste maestro…quiero saberlo todo de ti…

Nunca, nunca…y mira que lo he procurado a lo largo de tantos años, logré comprender que inapelable sentido de la dignidad le llevó a permanecer allí, a merced de sus verdugos…por qué por qué no huyó…por qué no puso tierra de por medio, cómo es posible que se dejara matar de aquella manera tan brutal…aunque no fuese más que por el innato instinto de sobrevivir…cómo pudo sobrellevar ese terror al daño físico ,que se manifestaba en gritos proferidos de madrugada, que le hacían incorporarse en el camastro cubierto de sudor y temblando…dormíamos todos hacinados en el mismo cuartucho…por eso nunca pude ignorar el espanto inefable que veía en sus ojos en aquellos instantes, los que mediaban entre los últimos resquicios de la pesadilla en la que se veía en el cuartelillo, soportando los golpes y las humillaciones y el principio de la conciencia del tacto y el beso de mi madre, que se afanaba en tranquilizarlo, secarle el sudor de la cara, mecerlo como a un niño hasta que lograba traerle de vuelta…y a la mañana siguiente se levantaba, desayunaba en silencio, nos besaba y se iba a su taller, para trabajar incansablemente hasta el anochecer, subsistiendo con lo imprescindible ,para que ,si había un poco de carne, un poco de leche, algo consistente que llevarse a la boca, fuera primero para sus hijos…si presentía que aquella noche tocaría, si se sentía algún día especialmente  temeroso o directamente aterrado, nunca lo supimos…él iniciaba cada jornada con la misma calma, la misma resignación que la anterior…era un verdadero artesano, sabes…tenía dedos de artista y fabricaba toda clase de muebles y artilugios de madera con un perfeccionismo y un arte sublimes…
casi al final la indignación general debió hacerles temer a los asesinos algún tipo de represalia, de pronunciamiento…como norma general, todos callaban por miedo a que les tocara a ellos o a alguno de los suyos, pero a veces se podía oír “ya han venido estos hijos de la gran puta a por el carpintero otra vez, mal rayo los parta”…y es que me imagino que era muy difícil convivir con la cobardía de mirar para otro lado ante la entereza de aquel hombre, aquel muerto viviente, aquel Santiago Nasar que se sentaba cada día ante su banco de artesano, las cicatrices evidentes, las heridas abiertas aún, las vendas sucias, con su sordera y su casi ceguera a las espaldas… y no hacía otra cosa que trabajar y querer a los suyos…y bueno…siempre supe que todo se desenlazó por la jodida barcaza…los chicos de mi edad competíamos en el río, con barcazas que nos construíamos nosotros mismos o nuestros padres o hermanos mayores…en los últimos meses mi padre empezó a fabricar para mi la mejor de todas…ligera, aerodinámica, una ganadora segura…yo me pasaba cada día por el taller y él me explicaba, sonreía ante mi impaciencia por estrenarla, se me quedaba mirando y me revolvía el pelo con las manos…yo presumía ante los otros chicos de que mi padre estaba acabando la mejor barca de todas y fanfarroneaba con que me los iba a llevar a todos de calle en la próxima competición…un día, cuándo estaba casi lista, se pasó por el taller un pariente de uno de los guardias habituales y le dijo a mi padre que le vendiera esa barcaza, que cuánto le pedía…él le contestó que ésa no estaba en venta, que era para su hijo y no se trataba de dinero, que no tenía precio…y bueno…a la siguiente paliza ya no sobrevivió…mi madre esperó y esperó angustiada hasta el amanecer, como hacía cada vez, las vendas preparadas, el agua hervida…la angustia matándola por dentro…pensando qué será esta vez…por dios que no sea ningún hueso…por dios que no le vuelvan a dar en el ojo malo, en el oído bueno…

Apareció casi dos días después, en el Campo de la Rata, le tiraron allí como a un perro…lo recogió mi madre con ayuda del cura, nadie más se atrevía a ayudarla…mientras le limpiaba la sangre, le lavaba, le ponía el traje de los domingos para enterrarlo dignamente, no derramó ni una lágrima, pero le vi por primera vez ese gesto de sequía, de repugnancia, de dolor, ese rictus amargo que se le quedó grabado para el resto de su vida…

Para cuándo acabó su relato, ya habían abandonado la postura inicial y estaban de rodillas sobre el colchón, Charo lo abrazaba como a un niño, llorando con él, secando sus lágrimas y su sudor con la sábana, meciéndolo con ternura, procurando que saliese de las tinieblas de la pesadilla y volviese a su lado.

miércoles, 4 de mayo de 2011

más que mirarse (XII)

La ilusión y la curiosidad habían ido dejando paso de forma casi imperceptible a la ansiedad y el temor. Esther le daba vueltas y vueltas y acababa llegando al desaliento…parece que haya pasado una eternidad desde que no salgo con un hombre…me siento insegura a más no poder…qué hago…qué digo…cómo me comporto…
A la hora de comer, Ana pasó por la librería a recogerla, para ir a picar algo y de compras. Escogió en skunfunk un vestido negro y verde bastante favorecedor, ligeramente ceñido y con cuello barco- éste te va perfecto con la chaqueta de piel corta y sandalias, había dicho su amiga-  El buen rollo de Ana era contagioso, como siempre, y poco a poco se fue sintiendo mejor. Tomaron un crepe salado en La Petit y decidieron hacer sobremesa en el Sport Café. Todavía no le había hablado del mensaje de Miguel y creyó que era un buen momento. La vehemencia de Ana la sorprendió:

-Joder Esther…que se vaya a hacer puñetas…lo que más me jode es ver que dudas y le das vueltas… ¿dónde estaba cuándo tuviste que enterrar a Charo?.... ¿dónde estaba cuándo pasaste mil y una noches sin dormir, haciendo frente sola al desmantelamiento de la casa, a los problemas con el negocio?
-pues no sé Ana…igual está arrepentido…de todas formas, la posibilidad de explicarse no de le niega a nadie, no?
-la  posibilidad de explicarse, como tu le llamas, en este caso entraña un peligro enorme para ti, nena, para el equilibrio que has logrado conseguir con tanto esfuerzo…mira Esther, no te ofendas…pero siempre has sido ingenua a más no poder….está buscando un beneficio sólo para él, no para ti…está buscando aliviar su culpa, o su soledad, o su arrepentimiento… a tu costa. Hay que saber plantarse, decir que no, Esther…cada palo que aguante su vela…los actos tienen consecuencias…Miguel eligió vivir sin ti, desterrarte…tal como yo lo veo, es una cuestión de dignidad y de amor propio…de tu dignidad y tu amor propio…
-ya lo sé…ya lo sé…de todas formas, no he decidido verle…en tal caso, esperaré a sentirme más fuerte
-como veas…pero no confíes tanto en los buenos sentimientos de la gente…tú ya no eres su pareja, ni siquiera su amiga…así que si tiene problemas que llame a sus colegas…a ti te toca empezar a vivir, ya has sufrido bastante por él…no se puede ir por la vida así, joder, ahora estoy mejor sin ti, ahora te necesito…no eres un juguete, para cuando se aburre o no encuentra algo mejor.

Mientras Ana iba al baño, el camarero trajo los segundos cafés. Esther maldijo una vez más la hipocresía de la ley antitabaco, que le arrebataba uno de los mayores placeres de la vida, el café no era lo mismo, los cafés ya no eran lo mismo…se había perdido esa esencia entre costumbrista y literaria de exhalar el humo al ritmo de los sorbos pausados y las disquisiciones vitales o filosóficas. Ana volvió y empezó a mirarla con esos ojillos sonrientes y pícaros de cuándo barruntaba alguna de las suyas. Después de unos segundos, se llevó la mano al bolsillo y arrojó encima de la mesa una mini caja de preservativos:

-los tres primeros los echas a mi salud….
-gracias- Esther rió con ganas- no tenías que haberte molestado…
-no es molestia, los acabo de pillar de la máquina del baño…
-loca…tómate el café, anda, que se te enfría…

Al salir, decidieron aprovechar la calidez del día para pasear por la dársena y la zona del puerto. Un enorme barco de crucero había atracado ese mismo día y toda la zona de Maria Pita estaba poblada de gente rubia y colorada, con bermudas y aquel horror estético que tanto parecía gustarles, sandalias y calcetines blancos.
Esther sentía la necesidad de hablar de los diarios. Desde luego los temores de Charo acerca de la posibilidad de que su hallazgo supusiese para ella un descalabro, eran fundados.

-no sé Ana, desde luego soy una adulta, y sería muy ingenuo pensar que Charo no tuvo otra vida, aparte de la de trabajar y criarme…pero me desconcierta descubrir ciertas cosas, cómo cuándo habla de Juan y de repente duda de lo que siempre ha creído casi como dogma de fe…lo del matrimonio y los hijos….
-quería casarse con él, entonces….
- no tanto como eso…desde luego no piensa en el matrimonio como tal, como institución o forma de vida en si misma….ella sabe desde el primer momento que es una relación sentenciada de antemano…la vive con mucha angustia, con desasosiego, con miedo…pero tiene sus momentos de bajón y explica que ese deseo que la embarga a veces de vivir con Juan el día a día…
-normal…cuando te enamoras…luego acabas de cotidianeidad hasta el gorro, pero al principio…
-claro…pero ellos no pueden ni siquiera planteárselo…imagínate…el divorcio en España ni siquiera existía…por no existir no existía ni la separación….además, estaban los niños de él, es algo que a ella le preocupaba mucho, no soportaba la idea de ser responsable del sufrimiento de unos niños…
-pero…no se quedó embarazada no?
-no, que va…hay monólogos, reflexiones muy largas en las que se reconoce a sí misma esa necesidad que siente…incluso llega a decir que no concibe una gloria mayor que sentir en su interior un hijo de ambos, que imaginar como sería, su belleza, su inteligencia, la llena de felicidad y también la tortura…
-joder…pobre Charo…ella que educó a tantos niños y nunca pudo tener uno propio…debió ser una frustración tremenda…
-sí, eso pienso yo…sobre todo teniendo en cuenta que lo de la maternidad era algo que nunca la había acuciado…y cuando encuentra un hombre, un amor que despierta ese afán…resulta del todo imposible…habla de que esa clandestinidad con la que tienen que vivir su historia es como un eterno noviazgo, sin posibilidad de llegar a más
-bueno, por otro lado, es una situación que muchos considerarían envidiable…
-sí, sí…pero a ella llega un momento en que la clandestinidad la supera…anhela un poco de rutina, de normalidad…no tener que esconderse…llega a decir que esa forma de vida más parece de delincuentes que de personas normales…
-claro, es que tenía tener los nervios a flor de piel…dios….y yo que recuerdo a Charo siempre serena, siempre alegre, siempre con una palabra amable que decir a todo el mundo…
- bueno, es que ten en cuenta que cuándo tu la conociste ya había pasado mucho tiempo, ya estaba muy avanzado el  proceso de aprender a vivir sin él, la gente ya había olvidado el escándalo y no la señalaba por la calle…
-ya, el tiempo que todo lo cura…es una verdad como un templo…
-ya estás tú con tus refranes…pero sí, es cierto….todo lo cura…o más bien todo lo minimiza….ya me ves a mi ahora con Miguel…
-sí, pero la diferencia es que Miguel se fue porque quiso, eligió irse, pero a Charo y a Juan los echaron de su propia vida, a patadas, de la peor de las maneras…
-desde luego, para dos personas inteligentes y sensibles como ellos, tener que soportar esa caza de brujas tuvo que ser un infierno…si lo piensas bien, además les tocó el peor de los escenarios…esa España deprimida, mojigata, cautiva de mil y un prejuicios, sin libertad para hablar, para actuar….con esa moral y esa religión asfixiantes, ya no era falta de libertad para actuar, es que ni sentir podían…esa prohibición desmesurada y sin sentido…como si uno pudiera elegir lo que siente…
-claro…el caldo de cultivo perfecto para millones de reprimidos…es imposible vivir la sexualidad y el amor de una forma sana con tanta estupidez y represión, sería una población de infelices…

Casi sin darse cuenta, habían llegado a la librería y Esther se dispuso a abrir la verja.

-bueno nena…suerte esta noche…olvídate de todo y pásatelo bien, eh??
-que siiii…no te preocupes…cerraré una hora antes y me iré a casa a arreglarme…mañana pásate a tomar un café y te cuento…

Se despidieron con un beso y Ana se alejó a prisa por la acera. 

martes, 26 de abril de 2011

más que mirarse (XI)

Otra dimensión. Otra perspectiva totalmente nueva de Charo. Eso es lo que me estaba brindando el hallazgo de sus diarios. Yo había conocido a la maestra, a la madre, a la amiga…y ahora estaba conociendo a la mujer. Y, como no podía ser de otra manera, no descubría a una mujer cualquiera, anodina, con una vida previsible o simplemente, estable…no…estaba descubriendo a una mujer voraz, apasionada, entregada, inmersa en un universo complejo de zozobras e intensos sentimientos, que se aferraba con fuerza a la felicidad, que no se arredraba ante el dolor, que podría soportar cien etiquetas distintas, entre las que jamás se hallaría la de cobarde. Profundamente humana, eso es lo que era, con todas las glorias y las miserias que ello conlleva. Para mi siempre había sido un pilar tan sólido, tan firme…mi percepción de ella era similar a la de una roca, un oráculo incuestionable. La Charo que yo conocía parecía no dudar nunca entre lo que estaba bien y lo que no, parecía no haber sufrido nunca el desarraigo, el cuestionamiento de sus  principios, el miedo, la culpa…Ahora, cuando ya no podía demostrárselo, mi admiración por ella llegaba a un punto de no retorno, la dimensión de su figura se alzaba en mi interior como una suerte de pedestal grandioso, precisamente por eso. Porque era humana. Porque dudaba. Porque sentía miedo. Porque en muchos momentos de su vida sus principios habían sufrido el inestable vaivén de las olas, olas furiosas y violentas que la zarandearon con fuerza, que la dejaron a merced de la maldad y la cobardía de otros, pero también a merced de su amor y su respeto. La lección más importante de sus diarios era que aquella dignidad, aquella personalidad bien construida y amueblada que yo siempre había considerado innata, no lo era tanto, y que se basaba  en gran medida en un largo y arduo proceso de aprendizaje, de crecimiento, de superación. Su vida había sido un intento constante por mejorar, por no sucumbir ante lo fácil, lo previsible. Sus lecciones no eran vacuas, no eran de cartón- piedra, como desgraciadamente lo son las de los que se pasan la vida dando lecciones a otros de cómo proceder, de discernir lo correcto de lo incorrecto, lo permitido de lo moralmente censurable…lo único importante, Esther, es que no vivas la vida como los demás te digan que hay que hacerlo, has de buscarte, de plantearte ante cada situación o momento, no qué es lo que haría yo, o tu madre o tu amiga, sino qué es lo que tu sientes que debes hacer, has de tenerte respeto y confianza a ti misma para poder tenerla hacia otros, al igual que has de amarte a ti misma para poder amar a otros, es una ley universal…no emitas juicios morales sobre otros, sólo te estará juzgando a ti misma, …te equivocarás…muchas veces…no importa…rectificar y pedir perdón no te degradará, te hará más persona…te tirarán al suelo…muchas veces…tampoco importa… lo importante serán las veces que te volverás a poner en pie…la vida nos puede llevar al desaliento, sí, pero en nosotros está la capacidad de no rendirnos y retomar la lucha en el punto mismo en que caímos… mira mi niña, lo importante no es vivir, sino vivir justamente…Todas estas lecciones cobraban una nueva luz, un sentido definitivo para mi al descubrir que eran producto de mil desvelos y agonías, que se nutrían de las vivencias de una mujer que había experimentado el fondo del dolor y el techo de la felicidad.

A lo largo de todo el primer semestre de mil novecientos setenta y cinco, Charo y Juan se enamoraron. No en un sentido platónico, meramente físico o romántico. No. Fue mucho más que eso. Como decía el poeta, pasaron a ser los amigos que se conocen por encima de la voz o de  la seña. Las páginas que recogen los acontecimientos de esos primeros meses relatan la historia de un desconcierto. Un desconcierto que crecía día a día, en cada conversación, en cada cruce de miradas. Iban descubriendo una afinidad intelectual, un sentido del humor, una pasión por la vida que los igualaba como compañeros inevitables, destinados, dueños el uno del otro desde el principio de los tiempos. El alma de esta mujer a lo largo de aquello días era una amalgama indescriptible de ilusiones, miedos, autocensura, alegría, plenitud, deseo…El deseo la mortificaba cruelmente, tanto como a mi me había mortificado su ausencia. Cada vez pasaban más tiempo juntos. El le presentó  a sus amigos, la introdujo en su círculo, en el grupo de teatro que compartía con gente que practicaba una tímida militancia. Entre ellos estaba Raúl, íntimo de Juan desde la infancia, la única persona que realmente fue testigo privilegiado de aquella historia.
 Se contuvieron. Intentaron con todas sus fuerzas no dejarse arrastrar por ese torbellino. Dominar sus emociones. Charo habla de lo que sentían como un ente vivo al margen de ellos mismos, dueño de sus acciones, de su alma y su entendimiento, dispuesto a imponerse a toda costa, a no respetar ningún argumento racional o conveniente.

 Un ente que finalmente venció, decretó sus normas, les arrojó con una fuerza descomunal a un pozo que ella misma describió como la mayor gloria y la mayor condena de mis días.

1 de Junio de 1975

La inminencia de las vacaciones, con la angustia de no poder verle cada día en el colegio, me consume. A ello se suma el hecho de no saber si el próximo curso estará aquí. A él parece pasarle lo mismo, sus miradas han pasado a ser angustiosas, interrogantes, ansiosas. Evitamos todo contacto físico y si éste se produce por puro azar, en la cafetera o en un ascensor, retiramos la mano como con pánico. Nuestros cuerpos parecen adivinar que una vez que este contacto se produzca, estaremos perdidos, sucumbiremos a merced del deseo y sus caprichos. Y no podemos. Es imposible. No debe ocurrir. Lo que ya ha ocurrido… de alguna manera .De alguna manera

15 de Junio de 1975

Ya está. Todas mis dudas y mis miedos han acabado por confirmarse. Esta tarde hemos ido a una representación del grupo Circo, con Raúl y Esperanza. Al llegar a la altura del cine París, en la calle Real, nos hemos topado de bruces con una manifestación bastante nutrida. Mucha confusión, consignas y los grises en pleno apogeo, cargando sin miramientos. Sin darnos cuenta, nos hemos visto inmersos en la marabunta. Juan reaccionó instintiva e impulsivamente, me rodeó con su cuerpo para protegerme y me empujó al interior de un café abarrotado, muchos otros habían buscado refugio improvisado entre sus humos, su oscuridad y sus paredes desconchadas. Me abracé a su cuerpo como una niña, asustada y confundida. Ambos permanecimos así unos instantes eternos, mirando hacia el exterior. Paulatinamente fuimos siendo conscientes de nuestro abrazo. Hundí mi cara en su pecho y en ese momento pensé que qué curioso era aquello, sentía aquel lugar como mi hogar desde tiempos inmemoriales, como si ese fuera mi lugar en el mundo, al que estaría destinada a volver una y otra vez, una y otra vez, mientras tuviese un hálito de vida. Cuándo me atreví a alzar los ojos, le vi morderse con fuerza el labio inferior, mover la cabeza de un lado a otro sin dejar de mirarme, con una expresión extraña, que aunaba furia, deseo y rendición. Sentí sus dos manos cogiendo mi cara y me perdí en su beso desesperado. Me ha mirado con una determinación que nunca le había visto y sin despegar sus manos de mi rostro me ha dicho “Que hermosa eres Rosario Alonso”

sábado, 16 de abril de 2011

más que mirarse (X)

El mensaje de Miguel la había desestabilizado, desconcertado, aplastado. Había respondido con un escueto “gracias, no sé, ya te daré un toque, la verdad es que no tengo mucho tiempo. Bsos”. Inmediatamente pensó que lo que necesitaba era un baño, caliente y relajante. Se acordó de La campana de cristal, en el que Silvia Plath describía a la perfección los efectos reparadores del agua caliente sobre el cuerpo y el espíritu. A Esther le pasaba lo mismo, siempre salía de la bañera con la dulce sensación de haber dejado marchar por el desagüe todos los sinsabores, las tensiones y las angustias… desintoxicación y pureza. Desconectó el timbre de ambos teléfonos. Se sirvió una copa de vino tinto y encendió las velas de colores que adornaban el borde la bañera. Eligió el CD “rollito zen” que utilizaba para estos menesteres y ajustó el volumen en consonancia con el ambiente de paz que deseaba crear. Se desnudó, echó la ropa en el cubo la colada y se recogió el cabello en un moño. Cuándo se sumergió simplemente decidió no pensar, no pensar en nada, sólo cerrar los ojos y quedarse allí hasta que su piel estuviese arrugada y enrojecida. Estuvo así más de una hora, hasta que la música dejó de sonar.
Se secó cuidadosamente con una gran toalla e inició el ritual de darse crema por todo el cuerpo, con estudiada y placentera parsimonia. Decidió fumarse un cigarrillo desnuda en la cocina mientras la crema se secaba.
Se sentía bien, había logrado el objetivo. Acabó de fumar y advirtió que tenía un hambre atroz. Esa mañana había encontrado en la tienda de la esquina unos tomates de bola hermosísimos, rojos y en el justo punto de maduración. Se vistió únicamente con un delantal y se dispuso a prepararse su célebre salsa de tomate, esa que a Ana le encantaba. Picó un calabacín, una cebolla roja, zanahoria y pollo. Dejó que el ajo se dorase lentamente en el aceite de oliva, desprendiendo toda su esencia y perfumando la cocina. Picó los tomates hasta que se hicieron puré y mezcló todo en la olla, al tiempo que removía con ternura una y otra vez la salsa, añadió la albahaca, la sal y la pimienta… la cucharadita de azúcar para matizar la acidez de los tomates. Dejó que todo se fuese cocinando a fuego muy lento. Mientras que la pasta hervía, fue al dormitorio y escogió una camiseta blanca de algodón de Hello Kitty y un pantalón corto. Se cepilló el pelo y se lo recogió en una coleta. Cuándo todo estuvo a punto, dispuso en una bandeja otra copa de vino, pan y un gran  plato de espaguetis y escogió Bright Star, la peli sobre Keats que llevaba semanas esperándola.
Decidió acostarse pronto y culminar su jornada de auto- homenaje leyendo en la cama, bien calentita y cómoda. La vieja edición de Ana Karenina, sustraída con nocturnidad y alevosía de la biblioteca de Orillamar en su adolescencia, la esperaba nuevamente, sabía que Esther volvía a ella una y otra vez, para descubrir, una y otra vez, nuevos tesoros entre sus páginas. Recordó las lecciones de Charo…todo está en los rusos, Esther, es imposible comprender la esencia de la literatura occidental contemporánea sin leer a los rusos…Ana Karenina no es sólo el paradigma de la mujer infiel, sus zozobras y sus culpas, es mucho más que eso, es el paradigma de la vida….al igual que Dovstoieski pone de relieve las miserias más íntimas e inconfesables del ser humano, ese lado oscuro e inquietante que en realidad todos llevamos dentro, todos somos un poco protagonistas de Crimen y Castigo, o podríamos serlo con circunstancias adversas…si quieres entender de verdad la Literatura, con mayúsculas, no puedes dejar de aprender las lecciones que nos han dejado los rusos, no puedes ignorar a Tolstoi, no debes conformarte sólo con leer Ana Karenina, tienes que entender su alma, empaparte de ella, sufrir con ella, volver a ella una y otra vez, tantas como sea necesario…”
Y Esther le había hecho caso, vaya si lo había hecho. Tanto que Ana era su libro de cabecera, ese  puerto seguro en el que siempre buscaba refugio.
Cuándo notó que el cansancio la vencía y le costaba mantener la concentración en la lectura, dejó el libro sobre la mesita y apagó la luz. Entonces, contra todo pronóstico, el Vicentín apareció súbitamente, ocupando su mente por completo. En un estado casi de inconsciencia, empezó a tocarse por debajo del pantalón.
 Iban en un coche, él conducía con una mano y la otra se alargaba para acariciar los pechos de ella bajo el ligero vestido de verano, sus dedos pellizcaban suavemente, como pequeños mordiscos…luego los introducía en la boca de Esther, humedeciéndolos y bajaba hasta el interior de sus piernas, se movían dentro de ella desatando la locura, todo era calor, humedad, fugaces y certeras corrientes eléctricas que la recorrían con furia de arriba abajo…le oía mascullar ya no aguanto más…pegaba un volantazo que desviaba el coche a un arcén oscuro e intransitado; con movimientos ágiles y dominantes la sentaba encima de él y ella empezaba a moverse muy despacio primero, para ir aumentado el ritmo a la par que crecía la excitación de él, que la aferraba del pelo con desesperación, besaba sus pechos y su boca alternativamente con una pasión feroz, descontrolada…
El último pensamiento consciente de Esther antes de dejarse arrastrar por un sueño dulce y satisfecho fue por fin…por fin…por fin
Durmió plácidamente toda la noche, como un bebé.
Por la mañana desechó los vaqueros y eligió un vestido de Desigual y sandalias romanas. Se puso rimel y lápiz y se sonrió ante el espejo. Estaba guapa.
Era sábado, así que decidió abrir un poco más tarde y desayunar en el café de al lado, con calma. Sobre las doce apareció Rafa. Entró con una sonrisa, un brillo en los ojos que a ella le hicieron verlos tan hermosos como nunca. Parecía saberlo todo, adivinar las fantasías nocturnas de Esther, porque, sin mediar palabra, sacó dos entradas y las  puso sobre el mostrador:

-Hacemos un trío?
-….cómo?? – ella sonrió, divertida
-Sidonie, están de gira presentando Hacemos un trío, el viernes en el Playa Club a las once…qué me dices? Te invito a unas tapas en la Barrera y luego nos vamos de concierto…
Tuvo que reprimir el impulso de saltar el mostrador, aferrarse a su cuello y besarlo. En  vez de eso, sonrió sin disimulo, una sonrisa abierta y sin ambages.
-claro…Sidonie…que gustazo….nos vamos de concierto…

Cuándo se quedó sola, reparó en la cita del calendario de Charo, que había trasladado de la mesa de su cocina al mostrador de la librería, y, más que reír, se rió como una loca varón urgente/ hembra repentina/ no pierdan más tiempo/ Quiéranse…

martes, 12 de abril de 2011

más que mirarse (IX)- II

19 de Diciembre 1974

Me condujo hasta un 850 especial azul, con los asientos grises, impecable por fuera y poblado en su interior de un nutrido grupo de muñecos, dibujos…la huella inconfundible de sus niños- es un coche muy vivido, ya ves…- Por el camino me fue hablando de ellos, María, la mayor, tiene diez años, el segundo es Sergio, de ocho y la pequeña tiene sólo cuatro y se llama Lucía. Me ha contado que se casó muy joven, al quedarse embarazada su mujer y que se ha sacado la oposición trabajando de noche en las calderas del hospital y estudiando todo el día. Parece un hombre muy seguro de sí mismo, es serio y pausado, transmite una paz y una serenidad difíciles de describir, como si hubiese vivido todos los dolores y las alegrías terrenas y hubiese asumido la imposibilidad de hallar un sentido lógico a las cosas. Parecía contento de los compañeros que le habían tocado en suerte – habéis sido todos muy amables conmigo, invitándome a comer y hablándome con esa confianza…después de todo soy el nuevo…- Me ha contado que su anterior destino fue Ferrol, y que habían sido un par de años muy intensos…-viví muy de cerca las revueltas del 72 de la Bazán…muchos de los hijos de los sindicalistas eran alumnos míos…y en sus casas no estaban para alegrías sabes…a partir de la tarde del diez de Marzo la ciudad ya parecía una tumba, el ejército la había cerrado a cal y canto…hubo muchas detenciones…a Amor Deus lo conocía personalmente, solíamos jugar al ajedrez en el Círculo de Artesanos, y sentí un alivio inmenso cuándo me enteré de que había logrado pasar a la clandestinidad y andaba escondido en casas de camaradas…y bueno… tardaron dos meses en detenerlo y llevarle a prisión…no me quiero ni imaginar las que estará pasando…es un hombre muy inteligente, de eso te das cuenta sólo con su mirada, franca aunque un poco inquietante, la verdad…de todas formas, el germen está aquí, después de estas revueltas vendrán otras…
Es extraña la confianza y la serenidad con que me ha hablado, el hecho de que no se preocupase de que yo pudiese traicionarlas…el que me dijese todas esas cosas sin miedo…ahora pienso en lo poco común de esa intimidad que creamos en apenas unas horas….parece que él, como yo, tenía la sensación de conocerme desde mucho antes.
Ya llevábamos un rato dentro del coche, frente a mi casa, fumando y charlando, cuándo mire el reloj para darme cuenta de que eran casi las nueve, y le he dicho que se fuera, que estarían esperándole para cenar. Iba a cerrar la portezuela cuándo me ha mirado y con una sonrisa cómplice me ha soltado:
-Oye…no te han dicho nunca el asombroso parecido que tienes con Catherine Deneuve?

Me he reído con ganas….

-Sí, la verdad es que no eres original… me lo han dicho muchas veces…


24 de Diciembre de 1974

Escribo en la biblioteca de mi padre, que está a mi lado en la enorme mesa de cedro, ensimismado en sus sellos y sus álbumes. Parece ni darse cuenta de mi presencia…como siempre. Madre está atareada en la cocina preparando salsas, adobando carnes, horneando pastelillos para la cena. Vendrán Marisa y su marido con los niños y también Pedro, mi adorado hermanito pequeño al que  hace meses que no veo, desde que se ha ido a estudiar la carrera a Salamanca. Madre está feliz de tenernos a todos en casa y mi padre se ha quejado de que los niños lo ensuciarán todo y le ha dado instrucciones a ella de que bajo ningún concepto les deje entrar en la biblioteca. Esta mañana he ido a Barros a comprar regalos para todos. También he elegido para mi un abrigo blanco precioso, un foulard de seda y unas botas de piel altas fabulosas, de color beige. Para la cena estrenaré el vestido marrón de seda y  falda plisada y me recogeré el pelo con el  pasador de plata de mi madre. Otra vez tendré con mi padre la eterna discusión de la misa del gallo…He recibido carta-postal de Carol desde Buenos Aires, me cuenta que pasará la navidad con Carlos en Bariloche. Se la nota feliz…me dice que él ha empezado a colaborar en un proyecto de ayuda y alfabetización de barrios muy humildes, dónde trabaja codo con codo con alumnos suyos de la escuela de Bellas Artes, y que está muy ilusionado, aunque trabaja demasiado…cómo echo de menos a mi amiga del alma…
Muy a mi pesar, pienso todos los días en el nuevo, no puedo evitarlo. Revivo constantemente en mi cabeza todos los detalles de la conversación, el modo en que me miraba…nunca he conocido a ningún hombre ni remotamente parecido…y bien parecido….y bueno, sobre todo, nunca he intimado con ningún hombre casado, ni debo.
El que se ha puesto pesadísimo es Lucas con lo de que vaya con él al baile del 31 en el Sporting Club Casino. Ni loca deseo empezar el año rodeada de toda esa calaña de señoras enjoyadas hasta el apellido, niños de papá y estupidez generalizada. Lucas me dice que entonces lo pasamos dónde yo quiera, que lo único que le importa es estar conmigo. Y otra vez pesadísimo con lo de que su bufete ya arranca tímidamente y que por qué no pensamos en formalizar…Lo cierto es que en la cama me lo paso bien con él, que es buena persona y sé que me quiere mucho…pero lo de verme en la Colegiata ridículamente disfrazada de blanco, con su madre y la mía llorando emocionadas…me pone los pelos de punta. Y más todavía imaginarme el resto de mi vida a su lado, los sábados de gin tonics y rouge en el casino rodeada de señoras insulsas y bienpensantes, muerta de asco y aburrimiento…sería la forma más certera de enterrarme en vida. No podría respirar. Mi madre me llama. Voy a ayudarla en la cocina.


Me sobresaltó el pi pi del teléfono móvil. Estaba tan embebida de la Charo de 1974, que se me pasó la hora de comer…mensaje de Miguel…de Miguel????...dudé un momento antes de abrirlo…el corazón me iba a mil…de MI Miguel???...claro, es el único Miguel de mi agenda…Noté que la mano me temblaba, me sentía incapaz…Bueno Esther eres boba o qué…abre el puto mensaje…”feliz cumpleaños mi chica…no sabes cuánto te echo de menos…me dejarías invitarte a un café…por favor”


domingo, 10 de abril de 2011

más que mirarse (IX)

El secreter estilo Luís XV armonizaba a duras  penas con el parco mobiliario de mi salón, que consistía en un enorme sillón rojo, una mesa de trabajo y la pantalla plana del televisor. Le daba al conjunto un aire kitsch ligeramente pretencioso, pero no podía ignorar su existencia. Eran el hábitat natural de los diarios de Charo, y condenarlos a hacinarse en un impersonal mueble de Ikea me parecía desolador y alienante para ellos.
Por eso le había pedido a Alberto que me ayudase a transportarlo desde el piso de Orillamar. No había sido tarea fácil, pesaba una tonelada. También había comprado un producto especial para pulirlo y abrillantarlo y había elegido en El baúl de la Abuela una hermosa borla granate que pendía rotunda de su cerradura. Era extraño, pero desde que lo tenía instalado en mi salón, mi apartamento se había hecho más acogedor, más amable, despertarme cada mañana y verlo allí era como advertir con alegría que un amigo había pasado la noche en el sofá. Una vez que la parte logística estuvo solucionada, pensé que tal vez lo mejor sería ordenar los diarios por fechas o épocas, o, al menos, por algún otro tipo de lógica, aunque la cronológica me seguía pareciendo la más acertada. No fue difícil, puesto que su autora había puesto en la tapa dura de cada uno de los librillos una reseña que daba una pista bastante certera de la época que recogía. Pero varios de ellos tenían simplemente un nombre. Uno de hombre. El mismo nombre que Charo había repetido tantas veces en sus últimos días de agonía. Juan.
La curiosidad que sentí ante ellos fue mayúscula, puesto que ella no me había hablado  nunca de Juan, no obstante, había tenido que ser muy importante para dedicarle varios de sus diarios. Eso daba una pista de que la huella de ese hombre por fuerza tenía que ser sólida….y dolorosa. Por ello, aunque los primeros libros databan de 1963, momento en el que Charo contaba unos veinte años, decidí dejar esa década para después y empezar mi recorrido por Juan…

16 Diciembre 1974

Se acerca la Navidad y en el colegio no paramos con los preparativos. Los niños están ilusionados y entregados a la tarea de decorar árboles, preparar murales con acebo, algodón y mucho rojo. El frío es intenso y los días cortos. Mi madre sigue pesadísima con que me mude con ellos a Orillamar y que no “tire el dinero en la renta”. No entiende que necesito mi independencia y mi espacio, que ya no podría renunciar a ella. Me dice “hija, no entiendo que no te cases y formes una familia, con lo guapa que tu eres…no me digas que no hay ningún hombre que te corteje…claro que con ese carácter que te gastas…tendrías que aprender a ser más sumisa…” Yo le digo que ya tengo muchos hijos, que mis niños me dan todo lo  que necesito…y ella “no hija, una mujer de tu edad sin un hombre al lado va por la vida como vaca sin cencerro”. Las teorías psicoanalíticas de Freud, que se han puesto tan de moda, le podrían dar una  pista de mi aversión a su perspectiva de la vida. Sumisión? Dependencia? Para vivir como ella, siempre pendiente y sometida a los vaivenes de humor de mi padre, soportando estoicamente sus altibajos emocionales, sus agonías, sus silencios…para vivir con miedo de permitirse cualquier capricho y dándole cuenta de cada duro que se gasta….Será que Freud tiene razón y en nuestros  padres está la respuesta a nuestra personalidad. No sé bien lo que quiero…pero desde luego sí sé lo que no quiero…no quiero llevar la vida de mi madre, no quiero limpiar, cocinar, ser la criada de un hombre, parir a sus hijos con mi dolor,  para luego no tener derecho a nada, no ser nadie…Ella siempre empeñada en facilitarle la vida “no molestéis a papá… que tu padre no se enfade…voy a hacer la comida favorita de tu padre el domingo…” Y él ni la mira…hace años que no la mira.
Nos han dicho del ministerio que mañana se incorpora el maestro sustituto de Pilar, porque parece que su baja va  para largo. Espero que no sea un carcamal de la vieja escuela, porque no se integraría bien en el ambiente tan lúdico y moderno que tenemos la suerte de disfrutar en este centro…y nos amargaría…aunque pienso que por fuerza tiene que ser alguien joven al que todavía no le ha dado tiempo de sacarse la  plaza fija.

17 Diciembre 1974

Esta mañana he llegado pronto al colegio para ultimar los preparativos de la actuación de mis niños. Entré en la sala de profesores para tomarme un café, porque venía helada .Me encontré frente a la cafetera a un hombre altísimo y con una percha considerable, que al notar mi presencia se dio la vuelta y resultó ser además bastante atractivo. Americana de pana negra, bufanda gris y sonrisa amable. Me ha tendido la mano…
-Hola, soy Juan, el sustituto…me estaba sirviendo un café, te pongo uno?
Al final, no ensayamos por última vez porque me entretuve conversando con él. Es una persona de una educación exquisita, con una voz cadenciosa y pausada…la amabilidad personificada. Según iban entrando compañeros, se presentaba y les tendía la mano a todos. Ha causado muy buena impresión. La pécora de Begoña me ha susurrado “coño, Charo, nos ha tocado el gordo de la lotería y aún no es 22…vaya planta tiene el tío, parece Alain Delon…” Me he reído y le he contestado “cuidado Begoña…no te emociones tanto que me ha dicho que está casado y tiene tres hijos”

18 Diciembre 1974

La actuación salió a las mil maravillas. Los padres, encantados, los niños, emocionados y yo…orgullosa…Hasta las lágrimas me han sacado los diablos éstos, que al final de la mañana me han regalado un pañuelo de seda que habían pagado con sus ahorrillos y una postal enorme con dibujos suyos “para Doña Charo, la  profe más guapa del mundo”. Luego nos hemos juntado todos los profesores y hemos ido a comer al mesón de la esquina. Begoña se apresuró a tomar asiento al lado del nuevo. Iba maquillada en exceso, como siempre, los labios de un rojo un tanto vulgar para aquella hora del día, locuaz y sobrexcitada. Me quedé de piedra, porque el nuevo, Juan, se levantó educadamente alegando que le sentaban muy mal las corrientes en la espalda y se sentó a mi lado “ me ha dejado impresionado lo que te quieren los niños, el respeto y el afán que ponen por no defraudarte” le he contestado que yo también los respeto mucho a ellos y que a lo mejor es por eso. La comida se ha alargado hasta tarde, sobremesa, café y disquisiciones políticas sobre la dictadura y Franco, sobre la tímida apertura que está experimentando el país. Cuándo nos hemos levantado, sobre las seis, el nuevo me ha dicho “ no vives por Montealto? Si quieres te llevo que me pilla cerca…” Begoña me ha asesinado con la mirada y me ha dicho al oído “vaya con la Charo…ten cuidado que me han dicho que está casado y tiene tres hijos”